viernes, 11 de septiembre de 2026

DICHOS O REFRANES. COMPEDIO TEMÁTICO, por SAMUEL FLORES-HUERTA

 



DICHOS O REFRANES. COMPEDIO TEMÁTICO, por SAMUEL FLORES-HUERTA


El eco de la sabiduría popular: Un viaje por el Compendio Temático de Dichos o Refranes

La memoria de un pueblo no reside únicamente en sus monumentos de piedra o en sus archivos oficiales, sino en el aire que fluye a través de las conversaciones cotidianas, en esa herencia invisible que llamamos lenguaje popular. El libro Dichos o refranes: Compendio temático, rescatado y organizado por el doctor Samuel Flores-Huerta, se presenta no solo como una recopilación de frases ingeniosas, sino como un mapa antropológico y emocional de nuestra lengua. Esta obra surge de la convicción de que el refrán es una sentencia breve, un destello de la experiencia acumulada que, como bien señala el texto, constituye un saco de verdades para quien sabe emplearlo con oportunidad. En sus páginas, el lector se encuentra con un rescate necesario de metáforas que el tiempo amenaza con desgastar, una suerte de despertar para palabras dormidas que cobran vida nueva al ser clasificadas y puestas en valor bajo una mirada contemporánea y analítica.

La relevancia de este compendio radica en su capacidad para transformar lo que a menudo consideramos ruido ambiental en un objeto de estudio ordenado y reflexivo. A diferencia de otros diccionarios que se limitan al orden alfabético estricto, esta obra propone una sinfonía temática que permite observar cómo la sabiduría empírica aborda los conflictos fundamentales de la existencia humana. El libro se estructura como un vasto catálogo donde la premisa central es la utilidad práctica de la palabra. Aquí no hay personajes de ficción en el sentido tradicional, pero sí voces recurrentes: la del abuelo sabio, la de la abuela tras el fuego, la del arriero en el camino y la del comerciante en el mercado. El conflicto central es la lucha contra el olvido y la necesidad de ofrecer guías morales y prácticas para navegar las incertidumbres del presente. A través de temas que van desde el abuso y la actitud hasta la vejez y la voluntad, el autor nos ofrece un espejo donde vernos reflejados, recordándonos que, como dice el dicho popular, para todo mal hay un refrán, y para todo bien también.

Al adentrarnos en el contenido, descubrimos que la obra es mucho más que una simple lista. Se trata de un estudio detallado de la estructura de la paremia, esa unidad gramatical compuesta generalmente por dos hemistiquios donde el primero define una causa y el segundo anuncia una consecuencia. Esta dualidad es la que permite que surja el conocimiento práctico, como se observa en el clásico no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy o en la profunda observación de que más sabe el diablo por viejo que por diablo. El libro organiza estas piezas de orfebrería verbal en categorías que abarcan la totalidad de la experiencia social. Encontramos secciones dedicadas a la acción y la actividad, donde frases como a darle que es mole de olla o andando la carreta se acomodan las calabazas nos instan al movimiento y la resolución. También hay espacio para la introspección en temas como la apariencia, recordándonos que aunque la mona se vista de seda, mona se queda, o que bajo la mata florida suele estar la culebra escondida.

Lo más destacado de este compendio es, sin duda, su ritmo y su estilo. A pesar de ser una obra de consulta, posee una fluidez narrativa que invita a la lectura continua. El autor logra diferenciar con precisión el dicho popular del aforismo culto, señalando que mientras el segundo es producto de la erudición individual, el primero es una creación anónima y colectiva, nacida del barro de la experiencia diaria. La ambientación del libro es, en esencia, la cultura hispanohablante con un fuerte acento en la identidad mexicana, pero con puentes constantes hacia la literatura universal, especialmente a través de Cervantes. Un elemento diferenciador es la inclusión de un apéndice dedicado exclusivamente a los refranes de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, reconociendo en Sancho Panza al refranero más ilustre de nuestra lengua. Es fascinante ver cómo expresiones del siglo XVI, como muchos van por lana y vuelven trasquilados o donde una puerta se cierra otra se abre, mantienen una vigencia asombrosa en el habla del siglo XXI.

El análisis que Flores-Huerta realiza sobre los temas es valiente y honesto. No rehúye de aquellas expresiones que, aunque populares, cargan con el peso de prejuicios históricos. El libro incluye una sección dedicada a la mujer que, bajo una advertencia crítica, agrupa refranes peyorativos, misóginos o discriminatorios que reflejan la moral de épocas pasadas. Al incluirlos, el autor no busca validarlos, sino documentar la evolución de nuestro pensamiento social y recordarnos que el lenguaje es un ser vivo que debe ser adoptado críticamente para no tropezar dos veces con la misma piedra. De igual forma, el compendio destaca por su humor y su capacidad de síntesis, utilizando retruécanos y juegos de palabras que deleitan el oído, como aquel que afirma que el que habla con refranes es un saco de verdades o el recordatorio de que al hablar, como al guisar, hay que poner su granito de sal.

Detrás de esta monumental tarea se encuentra la figura de Samuel Flores-Huerta, cuya trayectoria profesional añade una capa de profundidad fascinante a la obra. Flores-Huerta comenzó su carrera como profesor de educación primaria en Puebla y trabajó como profesor rural, una experiencia que sin duda le permitió escuchar de primera mano la riqueza de la oralidad en el campo. Posteriormente, su vocación lo llevó a la medicina, convirtiéndose en un destacado pediatra e investigador en nutriología médica dentro del Instituto Mexicano del Seguro Social. Esta dualidad entre la ciencia médica y la pasión por las letras se manifiesta en el libro a través de una sección dedicada específicamente a los médicos y las enfermedades, donde el autor vuelca su interés laboral con frases como una manzana al día al médico te ahorraría o la observación irónica de que de médico, poeta y loco todos tenemos un poco. Su labor como Investigador en Ciencias Médicas y su pertenencia al Sistema Nacional de Investigadores dotan al compendio de un rigor metodológico que se siente en la pulcritud de la clasificación temática.

La conexión de Flores-Huerta con esta obra es profundamente personal y familiar. El prólogo nos revela que su afición por los dichos comenzó en su infancia, alimentada por las conversaciones de sus abuelos y familiares. Esta pasión fue compartida y enriquecida por su hijo, Rubén D. Flores Sandoval, sociólogo por la UNAM y doctor por la Universidad de Kent, quien aporta una perspectiva académica e introductoria sobre el lugar de los refranes en las sociedades humanas. Juntos, padre e hijo logran que el libro trascienda la mera recopilación para convertirse en un testimonio de la construcción social de la realidad. La biografía del autor es, en sí misma, un ejemplo de lo que el libro predica: que lo que se consigue en la niñez crece y se agranda después. Su transición de maestro rural a científico de alto nivel no le hizo perder el oído para la sabiduría sencilla, demostrando que la práctica a menudo vale tanto o más que la gramática pura.

Como valoración final, este libro es una joya indispensable para una amplia variedad de lectores. Los amantes de la lingüística encontrarán en él un material de estudio inagotable; los escritores y comunicadores hallarán una fuente de inspiración para dotar de autenticidad a sus textos; y las familias descubrirán un puente para transmitir a las nuevas generaciones el ingenio y la sabiduría de sus antepasados. Su mayor virtud es la capacidad de ordenar el caos del habla popular sin restarle su frescura original. El texto es culto en su presentación pero cercano en su contenido, evitando la pomposidad y celebrando, en cambio, la agudeza del ingenio anónimo. Es una obra que nos recuerda que, a pesar de la globalización y la tecnología, seguimos siendo seres que se entienden hablando, y que no hay nada más moderno que un consejo viejo bien aplicado.

En conclusión, el compendio de Samuel Flores-Huerta es un acto de justicia cultural. Nos entrega una colección que no es de mariposas muertas, sino de palabras vivas que despiertan en cada lectura. Al cerrar sus páginas, uno comprende que saber refranes poco cuesta y mucho vale, y que en este mundo donde todo parece efímero, la palabra bien dicha sigue siendo el ancla más segura. Es un libro para ser leído despacio, saboreando cada sentencia, porque al final del camino, como bien sentenció Cervantes a través de Don Quijote, los refranes son sentencias breves sacadas de la luenga y discreta experiencia, y en ellos reside el alma misma de nuestra civilización. Para el lector que busca entender de dónde venimos y cómo pensamos, este compendio no es solo una opción, es una necesidad, pues nos enseña que el que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija.


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