ADOLFO SUÁREZ ( UNA TRAGEDIA GRIEGA ), por JOSÉ GARCIA ABAD
El héroe que no sabía que era héroe
Hay biografías que se construyen como cronologías minuciosas, año tras año, documento tras documento, hasta que el retratado queda reducido a una sucesión de fechas y cargos. Y hay otras que operan como una radiografía: no buscan la superficie del hueso sino su estructura interna, no pretenden contar todo lo que pasó sino comprender qué sostuvo en pie a quien lo protagonizó. "Adolfo Suárez (Una tragedia griega)", de José García Abad, pertenece con orgullo a esta segunda estirpe. Publicado por La Esfera de los Libros, el volumen se propone algo más difícil y más arriesgado que una biografía convencional: desentrañar la columna vertebral del hombre que condujo a España desde la dictadura franquista hasta la democracia sin que apenas nadie, ni siquiera él mismo, supiera del todo cómo lo estaba haciendo. García Abad lo dice desde el prefacio: no aplica la técnica clásica de seguir año a año la peripecia del personaje, sino que se decide por la mirada del radiólogo y del biólogo, con la esperanza de vislumbrar el ADN de un espíritu que resulta, a la postre, tan contradictorio como fascinante.
La premisa del libro es tan sencilla como ambiciosa: entender a Adolfo Suárez no como una suma de decisiones políticas encadenadas, sino como un enigma humano. ¿Cómo es posible que un hombre de formación académica modesta, sin título universitario, sin brillo intelectual aparente, sin una cultura libresca que lo respaldara, lograra lo que parecía imposible: desmontar un régimen autoritario desde dentro, legalizar el Partido Comunista, convocar elecciones libres y redactar una Constitución en apenas cuatro años? La respuesta que García Abad ofrece no es una tesis cerrada sino una exploración abierta, construida a partir de quienes disfrutaron de la intimidad de Suárez: la familia, los amigos de verdad, esas pocas amistades ajenas a la política que lo conocieron antes y después del poder. A través de sus testimonios, el libro dibuja a un hombre rudo, de cultura limitada en apariencia, pero dotado de una intuición formidable, una capacidad extraordinaria para absorber y sintetizar ideas, una cabeza bien ordenada, un sólido sentido común y una dedicación inhumana al trabajo. No destaca por su brillantez ni por su técnica, advierte García Abad, pero tiene algo que vale más que la ciencia: un don para hipnotizar, un magnetismo personal que desarma a propios y extraños.
El conflicto central que recorre el libro es el de la soledad del poder y la erosión que ejerce sobre quien lo detenta. Suárez comienza su trayectoria como un joven ambicioso que se hace a sí mismo desde abajo, que aprende los procedimientos de cualquier político ambicioso —los mismos que usan todos, recuerda García Abad— y que llega a la presidencia del Gobierno en 1976 como una apuesta del rey Juan Carlos y de las élites reformistas. Pero el poder lo transforma. El libro presta atención a esa metamorfosis, a cómo el ejercicio incesante del mando, la presión de los enemigos internos, el acoso de la prensa y la hostilidad de quienes no perdonan su audacia van moldeando y finalmente desgastando al hombre. Suárez pide en algún momento un límite al acoso, tanto por parte de los políticos como de los periodistas, y sus palabras tienen el peso de quien sabe que la descalificación global, la visceralidad y el ataque personal perjudican el normal funcionamiento de las instituciones democráticas. Es una súplica que el libro recoge sin dramatismo pero con una gravedad que resuena a lo largo de sus páginas.
Lo que más distingue a "Adolfo Suárez (Una tragedia griega)" de otras aproximaciones al personaje es su negativa a reducirlo a una hagiografía o a un ajuste de cuentas. García Abad reconoce en el último capítulo que el problema no es detectar los ingredientes del precipitado —valor, ambición, oportunismo, coherencia—, sino señalar la proporción de cada uno de ellos, su correcta ponderación. Y su opinión, expuesta con franqueza, es que no hay que magnificar las triquiñuelas de Suárez, que le pintarían de pícaro, pues no hizo más que valerse de los procedimientos de cualquier político ambicioso. Estima que resulta más adecuado reconocer dos secuencias en su trayectoria, dos tiempos distintos que requieren lecturas distintas. Esa voluntad de matiz, esa resistencia a la caricatura, confiere al libro una honestidad intelectual que lo separa tanto del panegírico como del libelo.
El estilo de García Abad es el de un periodista veterano que sabe que la información no basta si no está acompañada de una interpretación. Escribe con fluidez, con un tono que combina el rigor documental con la cercanía del testimonio oral, y no oculta su admiración por el personaje sin por ello renunciar a la distancia crítica. El libro incorpora voces diversas: colaboradores, fontaneros, enemigos del alma, como los llama uno de sus capítulos. Aparecen figuras como Sáenz de Santa María, el general que cambió de bando; María Antonia Iglesias y su memoria recuperada; Pedro J. Ramírez con su desquite; Graciano Palomo y su túnel; Fernando González Urbaneja, Alfonso Guerra, José María de Areilza, Josep Meliá, Francisco Umbral, Miguel Herrero de Miñón. Cada uno aporta un fragmento del mosaico, una arista del poliedro, y García Abad los orquesta sin imponer una lectura única, dejando que las contradicciones permanezcan visibles, que el lector sea quien juzgue.
El título del libro, "Una tragedia griega", no es un adorno retórico. Encierra una tesis: la de que Suárez, como los héroes trágicos, posee una grandeza que lo eleva por encima de sus circunstancias y una fragilidad que lo condena. Su grandeza es la intuición, el coraje, la capacidad de decidir cuando nadie más se atreve. Su fragilidad es la soledad, la incomprensión, el desgaste de quien gobierna contra todos y a favor de todos al mismo tiempo. Como en la tragedia griega, hay un destino que parece escrito de antemano: el hombre que hizo posible la democracia termina devorado por ella, por los partidos que él mismo creó, por los adversarios que no le perdonan haber sido quien fue. García Abad no subraya esta analogía con pesadez académica, pero la deja flotando sobre el relato como una clave de lectura que el lector puede seguir o no.
José García Abad es un periodista político de larga trayectoria que comenzó su actividad profesional precisamente escribiendo sobre Suárez, incluso con un libro de circunstancias dedicado al personaje. Esa cercanía inicial, esa mirada forjada en la proximidad del poder y en la observación directa de los protagonistas de la Transición, le confiere una autoridad que no se improvisa. El libro está dedicado a Carmen Arredondo, su mujer, y a los compañeros de los semanarios El Siglo y El Nuevo Lunes, lo que revela una biografía ligada al periodismo político de la época. García Abad reconoce en el prefacio que los errores que hayan podido deslizarse son de su exclusiva responsabilidad, y pide disculpas anticipadas a los lectores y a quienes pudieran sentirse afectados. Esa humildad, esa conciencia de los límites propios, atraviesa el libro y lo hace más creíble.
El volumen encontrará su lector natural en quien se interese por la historia reciente de España, por la Transición como proceso político y humano, y por la figura de Suárez como encarnación de una época irrepetible. Pero también gustará a quienes buscan algo más que datos: una reflexión sobre la naturaleza del poder, sobre cómo transforma a quien lo ejerce, sobre la distancia entre la imagen pública y la intimidad de un hombre. Sus mayores virtudes son la honestidad del enfoque, la riqueza de las voces convocadas, la resistencia a la simplificación y la capacidad de García Abad para convertir una biografía política en algo que se lee casi como una novela: con la tensión de quien sabe que el desenlace está escrito pero no puede evitar seguir pasando páginas. "Adolfo Suárez (Una tragedia griega)" es, en definitiva, el retrato de un hombre que no se sabía héroe y que pagó un precio altísimo por serlo, y el recordatorio de que la democracia española no fue un regalo sino una conquista, frágil y arriesgada, que un autodidacta con una intuición prodigiosa supo llevar a término contra todos los pronósticos.