sábado, 8 de julio de 2023

DON SEGUNDO SOMBRA, DE RICARDO GÜIRALDES









Ricardo Güiraldes (1886-1927) fue un escritor argentino, perteneciente al grupo de la llamada Generación del 80, que se caracterizó por su interés por la cultura y la identidad nacional. Nacido en una familia aristocrática y terrateniente, Güiraldes pasó su infancia y su juventud entre la estancia familiar de San Antonio de Areco y los viajes por Europa, donde entró en contacto con las vanguardias artísticas y literarias. Su obra más conocida es Don Segundo Sombra (1926), considerada una de las cumbres de la novela gauchesca y un clásico de la literatura argentina. Güiraldes murió prematuramente en París, a los 41 años, a causa de una enfermedad hepática.

Don Segundo Sombra es una novela que narra la vida y las aventuras de Fabio Cáceres, un joven huérfano que se inicia en el oficio de gaucho bajo la tutela de Don Segundo Sombra, un resero experimentado y sabio que le enseña los secretos del campo y los valores de la vida rural. La novela está escrita en primera persona, desde el punto de vista de Fabio, quien relata su proceso de aprendizaje y maduración a lo largo de cinco años, en los que recorre las pampas argentinas con las tropas de ganado. La novela tiene una estructura episódica, en la que cada capítulo corresponde a una etapa o un acontecimiento significativo en el viaje iniciático del protagonista. La novela combina elementos realistas, como las descripciones detalladas del paisaje, las costumbres y el lenguaje de los gauchos, con elementos simbólicos y míticos, como la figura de Don Segundo Sombra, que representa el ideal del gaucho como héroe nacional.

Don Segundo Sombra es una obra maestra de la literatura gauchesca, que supera los modelos anteriores del género, como el Martín Fierro de José Hernández o el Santos Vega de Rafael Obligado. La obra de Güiraldes no solo retrata con fidelidad y belleza el mundo del gaucho, sino que también reflexiona sobre su sentido y su destino en una época de cambios sociales y económicos. La obra plantea una visión nostálgica y elegíaca del gaucho, que se ve amenazado por el avance de la civilización moderna y por la pérdida de sus tradiciones y su libertad. Al mismo tiempo, la obra expresa una admiración y un respeto por el gaucho, que encarna valores como el coraje, la lealtad, la generosidad y la sabiduría. La obra también muestra una profunda conexión entre el hombre y la naturaleza, que se manifiesta en el amor por los caballos, los perros y las plantas. La obra tiene un estilo poético y evocador, que logra crear imágenes memorables y transmitir emociones intensas.

Sin embargo, la obra también tiene algunos aspectos criticables o discutibles, como el elitismo y el paternalismo que se desprende de la mirada del narrador hacia los gauchos, a quienes considera inferiores culturalmente y dependientes de la protección de los estancieros. También se puede cuestionar el carácter idealizado y simplificado que se le da al gaucho, que oculta o minimiza sus conflictos internos o sus contradicciones sociales. Asimismo, se puede señalar la falta de profundidad o relevancia que se le otorga a los personajes femeninos, que aparecen como meras comparsas o adornos del mundo masculino. Por último, se puede observar una cierta ambigüedad o incoherencia en el mensaje final de la obra, que parece oscilar entre la resignación ante el fin inevitable del gaucho y la esperanza en su supervivencia simbólica o espiritual.

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